Domingo soleado
Hace dos meses, el crítico de cine Rafael Lemus hizo en la revista Día Siete, que distribuye el periódico El Universal, varias observaciones a una película... que no ha visto. Una película que desea ver, con toda su alma; pero a la cual, como a un seductor fuego, teme acercarse. Igual que a Octavio Paz la memoria de los dioses, el cine de Michael Moore despierta en Lemus fascinación y, al mismo tiempo, repugnancia. Pavor y amor. Estoy exagerando; amor no es, definitivamente, y sí, en cambio, indigestión. Pero es una indigestión que le produce a Lemus un chile del que su paladar no puede ni quiere privarse. Pueden leer, tras el vínculo, "El señor Michael Moore"; como luego pasa que los textos que uno cita desaparecen, me he atrevido a copiarlo acá. Por supuesto, retiraré de mi blog el artículo si "el señor Rafael Lemus" me pide hacerlo así.
Es tan absurdo el texto sobre Moore que tengo que consignar mi extrañamiento. A continuación, transcribo, entre comillas, algunos fragmentos del artículo, a los que siguen mis respuestas.
Rafa comienza con esta rara perla:
"El Hollywood clásico, con su pudor y sabiduría..."
¿Pudor? ¿Sabiduría? No, Rafa: Hollywood no vendía menos mierda ayer que hoy, lo que pasa es que ni tú ni yo ni nadie nos atrevemos a admitirlo. ¿Quién osaría levantar la voz ante Lo que el viento se llevó?
"... su abultada figura, su barata gorra, sus cochinos tenis..."
Si un día alguno de mis cuatro lectores visita la redacción de Día Siete, reconocerá a Rafa de inmediato: es el tipo de levita y bombín que hace girar con destreza un bastón mientras camina.
"... despachar a Moore con el argumento de que el suyo es un caso de interés exclusivamente estadounidense..."
Un "caso de interés". Los correctores de estilo contemporáneos del "Hollywood clásico", ¿habrían sido tan indulgentes con Lemus como éste lo es consigo?
"Estamos acabados..."
El único que está acabado eres tú, Rafa. El resto del planeta no te acompaña en tu desgracia.
"... todo lo gringo, incluyendo sus esquemáticos documentales, son asunto nuestro..."
Molestias innecesarias que se toma Rafiña (¿o es Rapiña?): podría ser más feliz si no se ocupara del botijón Moore. Otra cosa es que Día Siete lo obligue a ver lo que, aparentemente, no quiere ver.
"... un domingo odioso, caminaremos anestesiados hasta el cine..."
Lemus (¿o lémur?) no ha visto la película, pero está que se caga por despotricar en contra de ese hombretón obeso que en mala hora invadió los territorios de la mente lemusiana. Maldice de antemano hasta el día en que, anestesiado... (Qué sustancias te compras con lo que te paga Día Siete, mi buen Rafa.)
"... la atroz noticia de que Moore ya trabaja dos nuevos documentales..."
La atroz noticia es que Día Siete no le paga a Rafa por trabajar. Otros dirían que Moore "trabaja en dos documentales". Pero redactar cansa. Que otros se molesten en hacerlo.
"Todavía no nace el valiente que mire al señor Moore y diga: “Ah, mira, un señor inteligente”."
Los valientes, si ven pasar a Lemus, dicen: “¡Ah, mira, un señor Rafa!”
A propósito, me gustaría que el público lector reparara en otras dos obsesiones de Lemus, al lado de lo que sufre por Moore: tales obsesiones son la inteligencia y la palabra “señor”. Diría que Rafa es un tipo (que quisiera ser un señor) preocupado por la incertidumbre de no ser más inteligente que aquellos a quienes critica.
"Puede decirse esto y aquello sobre su ordinario temperamento..."
O puede no decirse. Insisto: el masoquista de marras tortura su pequeña mente en vano. En cuanto a su temperamento, no cabe duda, debe ser extraordinario.
"... nadie puede afirmar, no sin risas, que el tipo sea una lumbrera. No lo es."
Nadie, no sin risas, no lo es. Que quede claro.
"... sus documentales distan mucho de ser sabios."
La auténtica sabiduría sólo puede adquirirse repasando viejas cintas del Hollywood clásico.
La parte de "imposible esto, imposible lo otro", nos la saltamos; imposible no compadecer al célebre y mimado articulista cuando no deja de flagelarse viendo lo que dice que no quiere ver, quizá con culposa conciencia por consumir sustancias anestesiantes (leer cualquiera de tus libros produce el mismo efecto, Rafiña).
"... disparar contra George W. Bush, el blanco más sencillo..."
Intelectualoides del mundo postcomunista, uníos: cesen vuestras críticas a Bush. ¿No ven que es el blanco (y anglosajón y protestante) más sencillo? Tírenle a izquierdistas difíciles, disparen a la dura piel de Moore: será hacer blanco en un elefante.
"... y mirar cómo el dardo termina volviéndose contra uno mismo..."
Lo vemos, Rafiña, lo vemos.
"Yo, Michael Moore. ¿Quién? Un chico como tú… pero poderoso."
Nada que pudiera aplicarse a compadres de Rafiña como Mario Vargas Llosa, the boy next door.
"Uno estaría tonto si demandara documentales objetivos, desapasionados."
Rafa, que cree no ser tonto, demanda lo que no demanda, sólo que así queda mal hasta con lo que queda bien.
"Es imposible la imparcialidad..."
Menuda vida la tuya con tantos imposibles, tío. Ya veo qué es lo que tanto te amarga.
"Ser un bribón no es cosa grave..."
¡Hasta te dan columna en Día Siete!
"... una imagen idílica de, digamos, Irak (niños que vuelan sus cometas, adultos que sonríen, multitudes cándidas) y en seguida el vicioso rostro de Bush..."
No recuerdo que esta secuencia aparezca en ninguna película del caballero de la abultada figura, tampoco sé cuál es el vicio que anestesia a Bush, pero Moore no podría hoy repetir en Irak la filmación de "niños que vuelan sus cometas", "adultos que sonríen" o "multitudes cándidas". La invasión norteamericana ha destrozado para siempre aquel mundo. Ah, pero es que a Bush no debe criticársele. Sería demasiado sencillo. Al menos para una "lumbrera" como Rafa. Por eso no se toma tan despreciable molestia. Y el que sí lo haga, es un bribón sin gracia. Advertidos quedáis.
"Incluso los más entusiastas deben aceptar... Bla, bla, bla..."
Lemus dedica la integridad de su postrer párrafo (o parrafada) a calificar como ínfimas las películas de Moore. Y si alguien le pregunta por qué, la respuesta es: porque yo lo digo. ¿Quién? Yo, Rafael Lemus. ¿Quién? Un chico como tú, pero poderoso (publico en Letras Libres). Moore no es Orson Welles y esto molesta a Rafa. No es Sergei Eisenstein y Rafa restriega los dientes. No es Leni Riefenstahl y Rafiña echa espuma por la boca, truena, vierte su torva alma en balbuceos: ¿qué es lo que demanda nuestro reseñado reseñista? Ni él mismo lo sabe. Puede que el viejo Lemus no pretenda ya nada. Lo único claro en su oscuro texto es que no soportaría presenciar más críticas a Bush. Al borde del colapso nervioso, se enoja porque la Tierra gira, porque camina entre lodo, porque lo rodean el cielo y el agua: lo que le molesta --confiesa en una breve y casi conmovedora explosión hollywoodyallenesca-- es que llueva, y que sea domingo, y que haga frío y su corazón esté solo, bien lejos ya de aquel público lector en el que badulaques como Enrique Krauze, Guillermo Sheridan o el mismo Rafael Lemus pretendieron influir para que nadie se opusiera a George Bush, a Felipe Calderón, a Emilio Azcárraga. Los amos (de Lemus) son todavía los amos (de Lemus), pero cada vez menos mexicanos se resignan a subordinarse a un lord sin cuestionarlo jamás. Reconozco cuando menos un mérito en Michael Moore del que carece Lemus, y es su coraje; su irritante humorismo supone una forma, entre varias posibles, de oponer resistencia a la irracionalidad de un poder opresivo. Si los intelectuales de mi país son animales de engorda, perros domésticos que no se exigen a sí mismos nada, quiero que el coraje que sí hay en otros países contagie su vitalidad a la inteligencia del mío. Y creo que eso es lo que está ocurriendo. Hoy es domingo, pero brilla el sol.
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