En defensa del libre mercado. Parte VI - El mercado somos nosotros
Parte II. La burbuja hipotecaria
Parte IV - Qué no es un libre mercado
Parte I. ¿Qué es el libre mercado?
Parte V - ¿Necesitamos más regulaciones?
La mayoría de los que critican el libre mercado tienen un concepto bastante equivocado de lo que es el mercado. Creen que es un ente frío, sin sentimientos, dispuesto a destruir todo y a todos por unos centavos. Puede ser que esto sea en parte cierto, un sector del mercado así es porque EL MERCADO SOMOS NOSOTROS. Entre nosotros, no falta quien, por ahorrar unos pesos, prefiere consumir productos que dañan al ambiente. Entre nosotros, hay personas, que guían sus hábitos de consumo con base en criterios económicos y sin ninguna consideración por lo humano. En nuestra sociedad hay de todo. El mercado no es algo ajeno a nosotros, no es una imposición de unos cuantos ricos o de las corporaciones. EL MERCADO SOMOS NOSOTROS. Somos nosotros quienes hemos hecho de Televisa lo que es: al ver sus novelas, al apasionarnos con su futbol y al concederle credibilidad a sus reporteros. Televisa no sería nada sin nosotros. No podría "manipularnos" si no decidieramos sintonizar sus canales. Habrá quien diga que no tenemos otra opción pues TV Azteca es igual o peor. Tenemos la opción de no ver televisión, después de todo no es una necesidad básica. Pero, la realidad es que el mercado (o sea los mexicanos) preferimos ver televisión. Nos gustan las novelas y nos gusta el fútbol. Si el mercado (o sea nosotros) prefiriera los conciertos de música clásica o los programas culturales, eso tendría que pasar Televisa para poder sobrevivir.
También se dice que el mercado es injusto y, por eso, el Estado tiene el deber de redistribuir la riqueza. Una vez más se cree que el mercado es ajeno a nosotros. ¿El que un futbolista gane más que un maestro de primaria es injusto? Podríamos decir que sí porque la labor del maestro aporta más para el desarrollo de la sociedad que la del futbolista. ¿Pero a cuantas personas ves en la calle portando una camiseta con el nombre de su maestro de primaria? ¿Cuanto rating tendrían las televisoras si en lugar de fútbol pasaran una clase académica? ¿Por qué Coca Cola no contrata a tu maestro de primaria para hacer un comercial? Si un futbolista gana más que un maestro de primaria es porque el mercado (entiéndase nosotros) así lo ha decidido. En lo personal, creo que es una decisión poco inteligente pero eso es lo que hemos decidido.
Cuando verdaderamente entendamos que el mercado somos nosotros, veremos que lo que tenemos es justo lo que hemos generado con nuestros hábitos de consumo. Comprenderemos que tenemos la oportunidad de votar a diario con cada compra que hacemos. ¿Queremos cuidar el ambiente, promover el respeto de la dignidad de los trabajadores? Pues entonces compremos productos de las empresas que cuidan el ambiente y proporcionan buenas condiciones de trabajo. Pero desgraciadamente una cosa es lo que decimos y otra cosa es lo que hacemos. Todos "valoramos" la ecología y los trabajos bien pagados mientras no nos cuesten.
Claro que el mercado no siempre tiene la libertad de actuar como mejor le parezca porque el Estado toma decisiones en lugar del mercado (o sea en lugar de nosotros). Por ejemplo, el que el IMSS tenga millones de usuarios no se debe a que los mexicanos consideremos que brindan un excelente servicio, se debe a que cuando entras a un empleo NO tienes la opción de NO entrar al IMSS. Lo mismo podemos decir de los políticos. A diferencia de los futbolistas, cuyo sueldo lo pagan aquellos que deciden comprar jerseys o ir al futbol; los sueldos de los políticos los pagamos todos. No importa si votaste, no importa si crees en el funcionario público, no importa si están haciendo una buena labor o no; su sueldo tenemos que pagarlos todos a través de nuestros impuestos. El Estado tiene otras formas de coartar la libertad del mercado (es decir, nuestra libertad) para beneficiar a unos pocos. Retomemos el ejemplo de Televisa, los mexicanos nos hemos visto obligados a darle de nuestro dinero a través de la publicidad que los gobernantes pagan con nuestros impuestos. Situaciones de este tipo no sólo suceden en México. En Estados Unidos el gobierno ha decidido rescatar a las empresas automotrices. Empresas como General Motors y Chrysler siguen existiendo, no porque el mercado (los consumidores) aprecian sus productos, existen porque el gobierno decidió que los norteamericanos debían dar dinero a esas empresas. Con este tipo de acciones el mensaje que se manda es que las empresas no tienen porque esforzarse en producir mercancías de calidad y a bajo costo, al final de cuentas recibirán el dinero del mercado a través del Estado.
Desde la visión del libre mercado, la intervención del Estado en la economía es antidemocrática. Retomemos el ejemplo, de General Motors ¿por qué el dinero tiene que venir del gobierno? ¿no sería mejor crear una fundación de rescate que recibiera aquellos donativos que los ciudadanos, voluntariamente, dieran para ayudar a esas empresas? Esto permitiría que General Motors y Chrysler obtuvieran dinero sin que el gobierno tuviera que endeudarse aún más. Pero seguramente esa opción no se considera porque se sabe que los donativos que se obtendrían voluntariamente serían menores al dinero que el Estado puede obtener a través de obligar a los ciudadanos a dar una parte de su dinero (a través de los impuestos). La idea de que el Estado tiene que corregir las "injusticias" del mercado sólo puede sostenerse en la creencia de que el Estado tiene más sentido común que el mercado (o sea, que nosotros). Lo curioso es que muchos de los que defienden la intervención del Estado, están conscientes de la corrupción y la poca calidad moral de muchos de nuestros gobernantes. Pero aún así tienen fe en que harán que el mercado (entiéndase, nosotros) se comporte de una manera más equitativa y justa. No sólo eso, creen que el pueblo (también conocido como "el mercado") debe tener la libertad de elegir a sus gobernantes, pero no debe de tener la libertad de decidir como quiere educar a sus hijos, en que quiere gastar su dinero, qué tipo de valores desea profesar. Ese tipo de decisiones no se pueden confiar al pueblo (o sea, al mercado), tienen que ser facultad del Estado pues sólo él sabe lo que es mejor para el bien común.
No faltará quien al leer este artículo pensará que aquellos que tienen mayores ingresos son los que en realidad controlan el mercado. Esto sólo es cierto cuando interviene el Estado y por lo tanto la equidad no puede buscarse a través de acciones gubernamentales. Como ya se ha comentado en artículos anteriores, las regulaciones que impone el Estado tienen como resultado limitar la competencia para favorecer los intereses de unos cuantos. Pero ese es un tema para otro artículo.
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